lunes, 1 de abril de 2013

Carrera Alto Sil 2013

Hace ya unos días que corrí, junto con varios chalados más, la Carrera de Montaña Alto Sil y creo que ahora tengo mejor perspectiva para escribir que si lo hubiera hecho en "caliente", en "cansado" más bien.

A priori, sobre el papel, debía ser un reto más, ya que la gente que había ido al Bierzo a correrla otros años hablaba más sobre la buena organización y lo bonito del recorrido que sobre su dureza. Se trataba de 31km con 1750m de desnivel positivo repartidos en 4 subidas. Sería la carrera de montaña más larga hasta el momento para mí y sabía que se me haría larga, pero confiaba en no sufrir demasiado. Ya sobre el terreno te dicen que si ha cambiado algo el recorrido, que si hay mucha nieve...te pones más en situación y anticipas algo mejor la que se avecina.
Para la ocasión nos alojamos Sergio, Víctor, Javo, Sara, Isela, la pequeña y yo en Vega de Salierna para pasar todo el fin de semana sin prisas. No conocía la zona, y a pesar del mal tiempo me pareció espectacular por la cantidad de monte que tiene y lo maja que es la gente.
El entrenamiento para la carrera no había sido específico, ya que desde octubre no había corrido por el monte, pero sí había trabajado el fondo físico, como base para la temporada con vistas a retos mayores (y no digo nada para que no quede escrito).
Tras el día anterior de mucha lluvia, recogida de dorsal a última hora del sábado y cena de pizzas, la noche no fue de descanso reparador precisamente, ¡cosas de bebés! Ya por la mañana temprano, antes de la carrera, todos en marcha como en un ritual. Desayuno cada uno con sus manías: a mi la leche por la mañana no, que si a mi el té tampoco, que si yo aceite en la tostada y el reloj en marcha. Nos vestimos, terminamos los preparativos y carretera hacia Santa Cruz del Sil para pillar aparcamiento fuera del "prau" embarrado y tomar la salida a las 9:00 am.
El rato previo a una carrera me resulta siempre estresante, con tanta gente de aquí para allá, carreras por todos lados, sonido de megafonía y tantos estímulos. De hecho, el estrés fue a más cuando en el control de dorsales me di cuenta de que había perdido el chip que todos debíamos llevar en la muñeca. Tras un par de carreras extra y un par de juramentos, apareció mi hermano con el chip...glups...
Y arrancamos por fin. Después de tanto hablar de la carrera y su recorrido ya avanzábamos por él. La primera sorpresa, agradable eso sí, fue el sol y el buen tiempo que nos acompañaron toda la mañana. Al final de la primera subida ya encontramos algo de nieve, pero no dificultaba la carrera y le dio un punto divertido a la bajada que seguía. Una bajada muy rápida con bastante pendiente por un cortafuegos desde donde veíamos la subida que nos esperaba, "el Muro", otro cortafuegos y una de las perlas del nuevo recorrido. Ya cuesta arriba, a pesar de la dureza por la pendiente, subí bastante bien, con buenas piernas. Ya arriba, las primeras risas en el avituallamiento.
"El muro"
A continuación, un corto llaneo por terreno rápido y una segunda bajada también rápida pero mucho más larga. Ahí las piernas me empezaron a poner en mi sito, porque se me cargaron demasiado para el poco terreno recorrido. En Páramo del Sil, segundo avituallamiento, en el que nos paramos tranquilamente a beber y comer bien. Hacía falta porque empezaba lo bueno, con una larga ascensión de unos 800 m de desnivel. Al poco de empezar dicha subida me di cuenta que para mí se acababa la carrera en grupo, porque no aguantaba bien el ritmo de mis compañeros y sabía que quedaba mucho terreno por recorrer (¡no estábamos ni a mitad de recorrido!). Siempre se me hacen duros los kilómetros tras darme cuenta de que las piernas van más justas de lo esperado y tienes que dejar ir a los compañeros, pero uno ya tiene experiencia en esto y es mejor aflojar a tiempo y acabar, que seguir un ritmo que no te va y pinchar de mala manera.

Así pues, la subida más larga del recorrido la hice sin los compañeros, aunque no solo porque siempre hay tiempo de ir compartiendo opiniones y chascarrillos con otros corredores. Ya en el último tercio de la subida, con un buen paquete de nieve desde hacía rato, empecé a tener amagos de calambres sobre todo en los cuádriceps, lo que faltaba con la mitad de la carrera por recorrer. Al poco, María, que decía que no sabía si acabaría, me alcanzó. Por suerte pude recuperarme más o menos y un poco antes de llegar a la cima de la Campona alcancé a Jabo, que iba también regulando las pocas fuerzas que quedaban. La bajada siguiente seguro que es muy divertida con terreno seco y buenas piernas, pero con la cantidad de nieve del inicio, el barrizal y el dolor de piernas se me hizo muy muy larga. Al llegar al avituallamiento de Primout me hice idea de lo atrás que íbamos, porque estaba arrasado, parecía la mesa de los panchitos al final de una fiesta de cumpleaños. Gran parte de la bajada la hice con Jabo y María y a partir del avituallamiento ya hice casi todo lo que quedaba con Jabo, ¡ese compañero!.

Lo siguiente que nos esperaba: unos 5 km de barro, vadeo de arroyos y ríos y más barro...justo lo que necesitas con esa paliza encima. Yo comentaba con los demás corredores que más que una carrera de trail, aquello parecía una pista americana.
La parte final de la subida al Pico Negro
Pero lo más duro estaba por llegar, la siguiente perla del recorrido de este año: la subida al Pico Negro. Bien podían haberla llamado la subida a Mordor o algo así.  Dos km más empinados que la cuesta de Enero, donde veías a los corredores que iban por delante andando como si estuvieran en un 8000 y estuvieran al borde del colapso (así, sin exagerar...). Quizás mi percepción esté condicionada por lo cansado que iba ya. En esta subida, más de la mitad con nieve de nuevo, le saqué unos metros a Jabo, pero en el siguiente avituallamiento, tras un tramo de bajada ya me alcanzó. Ya sólo nos quedaba la bajada a Santa Cruz, pero mis piernas dijeron basta y al poco tiempo era casi incapaz de correr cuesta abajo debido al dolor. Los km iban pasando y ya estaba más cerca, pero la sensación de ir cada vez más despacio alargaba todo más.
Entrando en la cuesta de entrada al pueblo
Poco antes de llegar al pueblo ya se oía la megafonía. Con tanta fatiga ya me costaba emocionarme, pero entrando en las calles (con cuestita de regalo) todo el grupo animando me hizo apretar para llegar a meta. Para terminar, la mezcla de cansancio y emoción hicieron que las lágrimas brotaran sin control.

Al final, lo de menos fue quedar al final de la clasificación, delante de otros 16 valientes y de los casi 30 que tuvieron que abandonar. Lo importante es que conseguí acabar, economizando fuerzas gran parte de un duro, muy duro, recorrido. Sin lugar a dudas la prueba más dura que recuerdo...Pero habrá que volver, ¿no?

2 comentarios:

Rubén Álvarez dijo...

Hola Raúl,

Soy uno de los muchos corredores que tuvieron la inmensa fortuna de poder disfrutar(y como no de sufrir) esta última edición del Alto Sil...y para más señas soy uno de los 16 que llegaron detrás tuya.

No me doy cuenta, pero quizás hayamos coincidido en algún momento de la prueba.

En cualquier caso, enhorabuena por la crónica y por la carrera.

Con tu permiso te agrego a mi lista de blogs y me quedo por aquí para seguir tus evoluciones,

Nos vemos corriendo,

Raúl dijo...

Bienvenido al blog Ochobre! Seguro que nos vimos los talones en algún momento, sí. A seguir disfrutando de trotes por el monte.