lunes, 12 de agosto de 2013

Científicos ninguneados


Somos muchos los jóvenes investigadores a la espera de que se resuelva la convocatoria de contratos Juan de la Cierva 2012. Sí, leen ustedes bien, convocatoria 2012. Fue a finales de Noviembre del año pasado cuando se cerró el plazo de presentación de solicitudes. Dichos contratos perseguían incorporar al tejido científico español a jóvenes doctores que en su gran mayoría llevan tiempo trabajando fuera del país. A través de varias fuentes, sabemos que el escollo que causa el absurdo retraso de esta convocatoria es el Ministerio de Hacienda, que debe dar el visto bueno final.

El caso de este retraso es solo uno más en la larga lista de afrentas a las que varios ministerios están sometiendo a la ciencia española.  El de Educación, Cultura y Deporte ahoga a las universidades públicas, el de Economía y Competitividad hace lo propio con los centros de investigación y el de Hacienda y Administraciones Públicas retrasa y retrasa la emisión de los informes de viabilidad necesarios para liberar fondos.

Todo ello dificulta y retrasa la actividad de un colectivo con herramientas para ayudar a salir de la crisis pero continuamente ninguneado. Señores gobernantes, sin científicos no habrá ni ciencia ni futuro.

martes, 18 de junio de 2013

Maratón Alpino Madrileño 2013

Hace 10 años que fui voluntario del Maratón Alpino Madrileño (MAM en adelante). Esa primavera de 2003 yo había participado en mi primera carrera popular, la Media Maratón Vig-Bay, pero ni de lejos me podía plantear afrontar una carrera como el MAM. Estuvimos mi amigo Javitxu (muchas veces superviviente del MAM) y yo en el avituallamiento mejor situado, en el  Collado de Cabezas de Hierro, y pude ver  la dureza del recorrido en los rostros de los corredores que allí llegaban. Desde entonces, he participado en varias ediciones del Cross Alpino y otras carreras de montaña más duras y he tenido la oportunidad de ver, admirar, a los participantes que tomaban salida en el MAM. Para mí, los que se atrevían con semejante recorrido eran cuanto menos unos valientes, aunque muchos dirán que unos chalados sin remedio. Todo este tiempo, como amante de la montaña y madrileño, he pensado que  tenía que correr el MAM en alguna ocasión.

Ha pasado el tiempo y este año parecía propicio para enfrentarse al desnivel y la distancia de esta carrera. Con mayor experiencia en carreras de asfalto y de montaña, la idea ya no me parecía tan descabellada. Ahora parece que florecen carreras de montaña durísimas por todos lados, con distancias y desniveles inhumanos que en cierto modo empequeñecen una carrera de distancia maratón como el MAM (skyrace, que dirían los entendidos). Yo no aspiro a correr "ultras" de montaña y el reto personal seguía intacto, en lo atlético y en lo romántico.
Perfil esquemático del recorrido del MAM

Así que tras la Carrera del Alto Sil en marzo nos pusimos mi hermano Sergio y yo manos a la obra, o mejor dicho pies en la senda, para preparar el MAM 2013. Como a mucha gente le sucede, ninguno de los dos tenemos facilidad para entrenar habitualmente por la Sierra, así que nos planteamos que había que subir el mayor número de veces posible en fin de semana y apoyar eso en el entrenamiento normal entre semana. Al final sumamos un buen número de salidas en las que acumulamos el importantísimo entrenamiento específico y, lo más importante, muy buenos ratos en el monte. Sólo una semana antes de la carrera pudimos hacer la subida a Cabezas de Hierro, aunque en unas condiciones meteorológicas muchísimo peores a las del día del MAM. Desde la primera salida por la Pedriza a principios de abril hasta el rodaje Cercedilla-Cabezas-Cercedilla de 27 km con 1600 metros de desnivel positivo creo que progresamos mucho. Y es que el entrenamiento funciona o "in training we trust".

Y llegó el día de la carrera, 16 de junio, tras una primavera con tiempo de perros y nieve en fechas muy tardías, finalmente las previsiones eran de calor, mucho calor. Tras una noche de poco y mal sueño y gran madrugón, tomamos salida Sergio y yo poco después de las 8 de la mañana, por un recorrido con un tramo nuevo que evitaba algunos embotellamientos de inicio. Este camino alternativo parece algo más progresivo y hace que nos enfrentemos a los primeros desniveles más progresivamente que el original. Mi primera impresión fue que se iba más rápido de lo que esperaba para una carrera así, aunque el ritmo se soportaba. Salimos además sin haber calentado nada, pues nos dijimos que teníamos todo el día para calentar. La subida hasta el Puerto de Navacerrada fue a buen ritmo, preguntándonos qué marca habríamos hecho este año en el Cross del Telégrafo con esta preparación. Casi llegando al Puerto nos encontramos a Pedro animándonos (¡venía de una boda sin haber dormido!). En ocasiones así no hay manera de agradecer los ánimos de la gente conocida y desconocida.

Ya afrontando la subida a Bola del Mundo por la pista de esquí vimos que el viento nos iba a salvar de las chicharras. También volvimos a sentir el picor de piernas que deja el kilómetro vertical que hay desde la salida y que culmina con las duras pendientes de las laderas del Alto de las Guarramillas (Bola para los amigos). Aún así íbamos bien, con buenas sensaciones, disfrutando. La bajada por la Loma del Noruego nos la tomamos con calma, el día era largo y había que preservar las piernas. Sergio me saca bastante distancia en las bajadas y me fue esperando en la distancia. De esta manera seguimos juntos en el avituallamiento del primer paso por el Puerto de los Cotos, donde había mucha gente animando.

El ascenso a Peñalara lo hicimos a buen ritmo también, pero intentando dosificar el esfuerzo. En este tramo los corredores que subíamos nos cruzábamos con los que ya estaban descendiendo. Fue en esta zona donde nos encontramos por vez primera a Alex y Fer, que estaban haciendo el recorrido sin dorsal. También vimos a Marek y a Luis, ambos ya de bajada (¡qué fuertes están los geteperos!). La bajada de Peñalara permite ver de frente durante un buen rato el siguiente escollo en el recorrido, la subida a Cabezas de Hierro por los Tubos. Preparándonos para eso, con la idea de que pasar esa subida bien es la clave para terminar el MAM, paramos tranquilamente en el avituallamiento ya de vuelta por Cotos, donde nos esperaban Sara y las Iselas ¡qué emoción!, qué alegría me dio verlas y oír "¡Papá, papá!". Echamos sales en el agua, comimos y tomamos el aire.

Llegando a la cima de Peñalara. Foto Sebastián Navarrete

De nuevo en camino, a por el "muro" de Cabezas. En los maratones de asfalto se habla del muro del a partir del kilómetro 30, pero en el MAM el muro es literal y está en esta subida: pendientes muy fuertes, terreno técnico de bloques grandes, grava y bloques gigantes, a pleno sol y en un circo cerrado en el que no sopla el aire hasta bastante arriba, todo esto con unos 23 kilómetros de montaña ya en las piernas. Nos lo tomamos con calma, subiendo poco a poco. Donde empezaba lo duro de la subida nos encontramos con Luis, que se retiraba con un corte de digestión. A mitad de subida, Sergio tuvo su única crisis del día, en un terreno donde la gente iba ya fastidiada. Muchos se sentaban a los lados del camino. Durante un rato vimos el helicóptero del 112 en el Collado de Valdemartín (tuvieron que llevarse a la corredora que iba en primera posición por rotura de mandíbula tras una caída). Esperé a Sergio en un avituallamiento junto a una fuente casi al final de la ascensión. Esa fuente debía tener agua milagrosa, porque tras beber un poco de agua fresca y comer un gel, Sergio se recuperó bastante rápido. Ya allí nos volvimos a encontrar con Alex y Fer, que subían como motos.

Fue genial llegar a la cima de Cabezas, por lo simbólica de la ascensión. Si no pasaba nada seríamos supervivientes, ya que la mayor parte del desnivel estaba cubierto. Lo peor que quedaba era la larga bajada de Bola a Cercedilla, así que había que seguir conservando fuerzas. Pedro nos recibió animándonos al comienzo de la bajada desde Cabezas y nos acompañó desde ahí hasta el Puerto de Navacerrada  (¡gracias compañero!). En la bajada hacia el Collado de Valdemartín tuve un tropezón de los de ver el suelo muy cerca en una zona con muchas piedras. Feo, feo. Por suerte pude mantener el equilibrio, no sé cómo. Hasta Bola quedaban dos subidas, la primera a Valdemartín que me tomé con mucha calma y por último a la propia Bola del Mundo donde nos esperaba un nuevo avituallamiento y muchos ánimos por parte de los voluntarios que allí estaban. Era el kilómetro 31 aproximadamente y ya habíamos hecho todas las ascensiones del día. Sólo quedaba el largo descenso hasta Cercedilla, aunque yo ya notaba que iba justo de fuerzas.

Iniciando el descenso desde Cabezas de Hierro Menor. Foto P. de Paz

Bajada por la pista de esquí desde Bola hacia el Puerto de Navacerrada (cómo duele...). Foto P. de Paz

¡Qué dura es esa bajada! Primero, hasta el Puerto de Navacerrada se baja por la empinada pista de esquí que ascendimos unas horas antes. Parece que ese tramo está pensado expresamente para machacar piernas. Al menos se me dio mejor que unas fechas atrás, cuando bajé totalmente bloqueado. En el Puerto, el último avituallamiento y "p'abajo". El terreno lo conozco bien del Cross del Telégrafo y los entrenos recientes, pero claro, nunca lo había bajado con más de 30 kilómetros en las piernas. Comencé con buenas sensaciones, dentro de lo que cabe, aunque Sergio enseguida me sacó distancia. Adelanté a un par de corredores e iba tirando, pero a medida que bajaba, el calor me agobiaba más, la sensación de sed era más intensa y el sol entre los árboles se hacía un calvario. A mitad de bajada más o menos me estaba esperando Sergio y seguimos juntos un rato, aunque yo ya iba con el "piloto automático" y me costaba seguir corriendo en los tramos de llaneo. Al poco del último avituallamiento ya se empieza a oír de lejos la música de meta y uno se anima a seguir. En el último kilómetro Marek y Kike de Diego estaban animando (¡gracias por el trozo de melón!) y de nuevo Sergio me esperaba con Fer. Ya sólo quedaban 300 metros a meta, la familia y los "hematocritos" esperando. ¡Supervivientes!

Al final, un recorrido impresionante y 7h 26min que dan para muchas sensaciones y conversaciones con otros participantes, pero sobre todo queda la satisfacción de terminar un proyecto que hacía mucho que estaba marcado en rojo. Un gran placer también haber compartido tantas salidas para entrenar junto a mi hermano y finalmente entrar juntos en meta. ¡Vaya debut en el maratón Sergio! Nos hemos dejado deberes: entrar en 7h o menos...Pero eso es otra historia.




lunes, 1 de abril de 2013

Carrera Alto Sil 2013

Hace ya unos días que corrí, junto con varios chalados más, la Carrera de Montaña Alto Sil y creo que ahora tengo mejor perspectiva para escribir que si lo hubiera hecho en "caliente", en "cansado" más bien.

A priori, sobre el papel, debía ser un reto más, ya que la gente que había ido al Bierzo a correrla otros años hablaba más sobre la buena organización y lo bonito del recorrido que sobre su dureza. Se trataba de 31km con 1750m de desnivel positivo repartidos en 4 subidas. Sería la carrera de montaña más larga hasta el momento para mí y sabía que se me haría larga, pero confiaba en no sufrir demasiado. Ya sobre el terreno te dicen que si ha cambiado algo el recorrido, que si hay mucha nieve...te pones más en situación y anticipas algo mejor la que se avecina.
Para la ocasión nos alojamos Sergio, Víctor, Javo, Sara, Isela, la pequeña y yo en Vega de Salierna para pasar todo el fin de semana sin prisas. No conocía la zona, y a pesar del mal tiempo me pareció espectacular por la cantidad de monte que tiene y lo maja que es la gente.
El entrenamiento para la carrera no había sido específico, ya que desde octubre no había corrido por el monte, pero sí había trabajado el fondo físico, como base para la temporada con vistas a retos mayores (y no digo nada para que no quede escrito).
Tras el día anterior de mucha lluvia, recogida de dorsal a última hora del sábado y cena de pizzas, la noche no fue de descanso reparador precisamente, ¡cosas de bebés! Ya por la mañana temprano, antes de la carrera, todos en marcha como en un ritual. Desayuno cada uno con sus manías: a mi la leche por la mañana no, que si a mi el té tampoco, que si yo aceite en la tostada y el reloj en marcha. Nos vestimos, terminamos los preparativos y carretera hacia Santa Cruz del Sil para pillar aparcamiento fuera del "prau" embarrado y tomar la salida a las 9:00 am.
El rato previo a una carrera me resulta siempre estresante, con tanta gente de aquí para allá, carreras por todos lados, sonido de megafonía y tantos estímulos. De hecho, el estrés fue a más cuando en el control de dorsales me di cuenta de que había perdido el chip que todos debíamos llevar en la muñeca. Tras un par de carreras extra y un par de juramentos, apareció mi hermano con el chip...glups...
Y arrancamos por fin. Después de tanto hablar de la carrera y su recorrido ya avanzábamos por él. La primera sorpresa, agradable eso sí, fue el sol y el buen tiempo que nos acompañaron toda la mañana. Al final de la primera subida ya encontramos algo de nieve, pero no dificultaba la carrera y le dio un punto divertido a la bajada que seguía. Una bajada muy rápida con bastante pendiente por un cortafuegos desde donde veíamos la subida que nos esperaba, "el Muro", otro cortafuegos y una de las perlas del nuevo recorrido. Ya cuesta arriba, a pesar de la dureza por la pendiente, subí bastante bien, con buenas piernas. Ya arriba, las primeras risas en el avituallamiento.
"El muro"
A continuación, un corto llaneo por terreno rápido y una segunda bajada también rápida pero mucho más larga. Ahí las piernas me empezaron a poner en mi sito, porque se me cargaron demasiado para el poco terreno recorrido. En Páramo del Sil, segundo avituallamiento, en el que nos paramos tranquilamente a beber y comer bien. Hacía falta porque empezaba lo bueno, con una larga ascensión de unos 800 m de desnivel. Al poco de empezar dicha subida me di cuenta que para mí se acababa la carrera en grupo, porque no aguantaba bien el ritmo de mis compañeros y sabía que quedaba mucho terreno por recorrer (¡no estábamos ni a mitad de recorrido!). Siempre se me hacen duros los kilómetros tras darme cuenta de que las piernas van más justas de lo esperado y tienes que dejar ir a los compañeros, pero uno ya tiene experiencia en esto y es mejor aflojar a tiempo y acabar, que seguir un ritmo que no te va y pinchar de mala manera.

Así pues, la subida más larga del recorrido la hice sin los compañeros, aunque no solo porque siempre hay tiempo de ir compartiendo opiniones y chascarrillos con otros corredores. Ya en el último tercio de la subida, con un buen paquete de nieve desde hacía rato, empecé a tener amagos de calambres sobre todo en los cuádriceps, lo que faltaba con la mitad de la carrera por recorrer. Al poco, María, que decía que no sabía si acabaría, me alcanzó. Por suerte pude recuperarme más o menos y un poco antes de llegar a la cima de la Campona alcancé a Jabo, que iba también regulando las pocas fuerzas que quedaban. La bajada siguiente seguro que es muy divertida con terreno seco y buenas piernas, pero con la cantidad de nieve del inicio, el barrizal y el dolor de piernas se me hizo muy muy larga. Al llegar al avituallamiento de Primout me hice idea de lo atrás que íbamos, porque estaba arrasado, parecía la mesa de los panchitos al final de una fiesta de cumpleaños. Gran parte de la bajada la hice con Jabo y María y a partir del avituallamiento ya hice casi todo lo que quedaba con Jabo, ¡ese compañero!.

Lo siguiente que nos esperaba: unos 5 km de barro, vadeo de arroyos y ríos y más barro...justo lo que necesitas con esa paliza encima. Yo comentaba con los demás corredores que más que una carrera de trail, aquello parecía una pista americana.
La parte final de la subida al Pico Negro
Pero lo más duro estaba por llegar, la siguiente perla del recorrido de este año: la subida al Pico Negro. Bien podían haberla llamado la subida a Mordor o algo así.  Dos km más empinados que la cuesta de Enero, donde veías a los corredores que iban por delante andando como si estuvieran en un 8000 y estuvieran al borde del colapso (así, sin exagerar...). Quizás mi percepción esté condicionada por lo cansado que iba ya. En esta subida, más de la mitad con nieve de nuevo, le saqué unos metros a Jabo, pero en el siguiente avituallamiento, tras un tramo de bajada ya me alcanzó. Ya sólo nos quedaba la bajada a Santa Cruz, pero mis piernas dijeron basta y al poco tiempo era casi incapaz de correr cuesta abajo debido al dolor. Los km iban pasando y ya estaba más cerca, pero la sensación de ir cada vez más despacio alargaba todo más.
Entrando en la cuesta de entrada al pueblo
Poco antes de llegar al pueblo ya se oía la megafonía. Con tanta fatiga ya me costaba emocionarme, pero entrando en las calles (con cuestita de regalo) todo el grupo animando me hizo apretar para llegar a meta. Para terminar, la mezcla de cansancio y emoción hicieron que las lágrimas brotaran sin control.

Al final, lo de menos fue quedar al final de la clasificación, delante de otros 16 valientes y de los casi 30 que tuvieron que abandonar. Lo importante es que conseguí acabar, economizando fuerzas gran parte de un duro, muy duro, recorrido. Sin lugar a dudas la prueba más dura que recuerdo...Pero habrá que volver, ¿no?

domingo, 30 de diciembre de 2012

¡Feliz año 2013!

Os deseo un 2013 con salud y fuerza para afrontar lo que venga. Hijos, viajes, carreras, escaladas, proyectos motivadores de todo tipo (y trabajo, que no viene mal) a raudales llenarán el calendario que se avecina, como han llenado 2012. Mi primera promesa para 2013: hacer más fotos y escribir más aquí para compartirlas.