jueves, 29 de junio de 2017

¿Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver? -TP60 2017-

7:30 de la mañana de un sábado cualquiera. Unos cuatrocientos zumbados disfrazados con todo tipo de cachivaches rompemos la tranquilidad de Miraflores de la Sierra y nos disponemos a recorrer la carrera “corta” del programa del Gran Trail de Peñalara. Bastante sueño. Y eso que este año el apoyo logístico de Sergio se ha multiplicado incluyendo la furgo para dormir. Pero es que los nervios no han dejado descansar bien. Unos 63 km nos esperan para recorrer algunos de los grandes rincones de la sierra madrileña.
Siempre digo que en las carreras largas lo más difícil es llegar en buenas condiciones a la línea de salida. Hay que planificar con muchos meses de antelación, muchos madrugones, muchos kilómetros. En mi caso todo empezó hace algo más de un año, cuando me inscribí como voluntario para esta misma carrera ya con la idea de optar a alguno de los dorsales disponibles fuera de sorteo. Quizás ya empezara hace dos años, cuando corrí esta misma carrera. La experiencia fue tan buena, el resultado tan satisfactorio, que tenía el reto escondido de volver a vivir todo aquello y, por qué no, mejorarlo.
Tras despedirme de Sergio, al lío, poco espacio para risas y a correr. Siempre me da la impresión de que hay demasiadas prisas al principio en estas carreras largas. Empezamos con una ascensión al puerto de la Morcuera siguiendo una ancha pista durante varios kilómetros. Permite que el pelotón se estire antes de que llegue terreno más estrecho. Pronto me alcaza Daniel Marcos, compañero de esta misma carrera en 2015, que va muy fuerte y enseguida se adelanta. ¡Vaya carrerón Dani! Buenas sensaciones en este inicio, aunque no me compliqué y anduve pronto para dosificar el esfuerzo. Llevaba aprendidas las referencias de 2015 y tampoco quería volverme loco.
Antes de darte cuenta acaba la primera ascensión. Buen tiempo. Bastante gente animando a esas horas, aunque aún no podemos refrescarnos y toca correr un tramo por senda paralela a la carretera para el primer avituallamiento, que este año está junto al Albergue de la Morcuera. La experiencia anterior me decía que podía ahorrar bastante tiempo en los avituallamientos y no me entretuve mucho más que para cargar agua. A esas alturas ya me estaba comiendo el segundo gel del día y había tragado casi litro y medio de agua. ¡Y lo que quedaba! La teoría decía que tenía que ingerir entre 30 y 40 gr de hidratos por hora y doblar esas cantidades a partir de la cuarta hora. Ese era el plan, así que una variable más que controlar.
La bajada a Rascafría este año era en su totalidad por una ancha y monótona pista forestal. Difícil no dejarse llevar demasiado. Difícil dosificar. Hace dos años se intercalaban tramos de senda que acortaban la bajada y la hacían más amena. Esta vez salieron unos 15 km de bajada casi ininterrumpida, más otros dos kilómetros largos ya en Rascafría hasta el siguiente punto con ayuda. La verdad es que tenía buenas piernas y me dejé llevar más que en 2015. Odiosas comparaciones. Ahí me di cuenta de que las referencias ya no me valdrían para mucho, ya que el recorrido se había alargado bastante. Resultado: a pesar de bajar mucho más rápido este año, al llegar al avituallamiento acumulaba retraso. Junto al Puente del Perdón Sergio me espera ya montado en su “burra”, que ese Ironman está ya próximo. El tedioso tramo llano por Rascafría me decía que igual me había pasado en la bajada. De nuevo, avituallamiento rápido, cargando más agua esta vez y tomando sales. Para organizarme, llevaba de inicio la comida que calculaba para este primer tramo hasta Rascafría, además de dos bolsas con la comida para los otros dos bloques que me había marcado: Rascafría-Cotos y Cotos-Navacerrada. Tocaba echar mano de la primera bolsa, la más pesada.
Comienza el tramo clave de este recorrido: la ascensión al Puerto del Reventón y el cresteo a Peñalara por Claveles para después bajar a Cotos. Tiene el mayor desnivel, el terreno más técnico y al mismo tiempo las vistas más espectaculares. Este tramo en sí mismo es ya una ruta cinco estrellas, razón principal de que me inscribiera en 2015. Comienzo con ánimos, andando, pero con paso ligero. Hay que seguir dosificando y llegar con piernas a los tramos más duros. Sin embargo, a mitad de la subida ya noto que las piernas no van como en semanas anteriores, medio acalambradas y con dificultades para intercalar tramos de carrera. Cuando intento correr, noto molestias en la rodilla izquierda. A pesar de ello avanzo ligero y no pierdo muchas posiciones. Hasta el Reventón es una ascensión larga, con un largo tramo por pista con muchas zetas. Fue bueno entrenar por aquí con Dani hace unas semanas y tener el recorrido fresco en la memoria. Antes del avituallamiento me distraigo viendo un camión del ejército varado entre los piornos. Y un grupo de militares de la UME rascándose la cabeza.
De nuevo el protocolo a seguir al llegar al punto de refresco del Reventón: beber, cargar agua en los bidones y el “camel”, tomar sales y ver en el reloj si toca comer o no. Sigo avanzando. Tras el avituallamiento aún hay que subir un rato antes del primer descanso real del cresteo por estos montes Carpetanos antes de Claveles. Ya ahí noto que las piernas van muy mal, que el tobillo derecho lo llevo resentido y sobre todo un dolor agudo que va a más en la rodilla izquierda. Es la maldita cintilla que tanto me hizo sufrir en Somiedo, aunque aquella vez en la derecha. Las dudas, las sombras y el cabreo me asaltan. No sé si debido a eso, pierdo ritmo también en las partes de subida y el dolor aparece también en los pasos más forzados cuesta arriba. No puede ser, ¡llevo poco más de mitad de carrera! Es en este tramo, bastante largo, en el que recuerdo a Sabina y eso de que “Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Y es que al reto de mejorar la experiencia previa se unía el miedo a que esta vez todo fuera un desastre y la emborronara. En fin, son dinámicas de pensamientos negativos difíciles de romper.
Voy avanzando como puedo. En algunos tramos subo bien, en otros algo más dolorido y en los de bajada o falso llano soy casi incapaz de correr. Poco antes de iniciar el ascenso a Claveles me encuentro a Fernando. El tiempo justo para contarnos nuestras penas y darnos un abrazo. ¡Qué alegría verte compañero! Comienza la subida más dura y técnica del día. No llevo buenas piernas, pero ya la conozco y sé que no es muy larga. Ademas, tengo ganas de jugar subiendo entre los bloques. Antes de llegar a la parte alta de Claveles otro encuentro con un “getepero”, Jose esta vez. Qué duro pensar que aún les quedan casi 50 km.
Y por fin llego a Peñalara, el tramo Reventón-Peñalara 14 minutos más lento que en 2015, de nuevo malditas comparaciones. De lejos me saluda Sergio, que me espera para acompañarme un rato. Qué alegría, la verdad. Paso de estar encerrado en los versos de Sabina a compartir las penas con él y me termina convenciendo de que en un momento estamos en Cotos y ahí recuperaré. El comienzo de la bajada se me hace muy penoso, sin poder bajar con normalidad. Pero poco a poco parece que las piernas reaccionan y acabo corriendo cuesta abajo, no sin algún pinchazo que me pone en mi sitio.
En Cotos la emoción de ver a Sara y las niñas da mucha fuerza. Mucha. Es el avituallamiento más largo del día, con la ayuda de Ullé y Daniel Mesas, los demás voluntarios y los sanitarios. Bebo y demás rutinas, pero además me doy hielo en la cintilla, me aplican Reflex y cuando menos me lo espero me dan un Ibuprofeno. Fotos, besos, abrazos y sigo rumbo a Bola del Mundo. Al poco de arrancar saco de la mochila la segunda bolsa de comida y pongo todo a mano. La larga subida por la Loma del Noruego la paso hablando con unos y otros y se me hace menos pesada que en otras ocasiones. Llevo mejores piernas y voy más animado. Cuando termino la última rampa no puedo evitar un sentimiento de euforia, aunque estoy expectante por ver si puedo bajar bien hacia la Barranca. Tras el avituallamiento, muy rápido, empiezo a correr sin problema y con buen ritmo. El primer tramo técnico también y enseguida gano varias posiciones. Será que la droga ha hecho efecto o simplemente estar pensando en que ya queda muy poco. Ya en la pista que lleva al aparcamiento de la Barranca alterno posiciones con una pareja que parece que van a competir y ponerlo difícil. Tanto que antes de Navacerrada ando un tramo y se me van. En la pista, fuera del pinar hace un calor terrible. Llevo medio litro de agua y me lo voy echando por encima. A tramos corro a un ritmo bastante alto para esas alturas de carrera, pero paro en una pequeña cuesta antes del cruce de la carretera y tomo un poco de aire.


Cruzo la carretera, entro en el pueblo y ya se oye a lo lejos la megafonía de meta. Solo queda un último empujón. A pesar del recorrido más largo (casi tres kilómetros más) y la crisis de Peñalara, no pierdo tanto tiempo respecto a la vez anterior. Quizás la comparación no sea tan odiosa y veo ya todo en color. Alegría, emoción, mucha emoción. ¡Meta!. Hay que tratar de volver siempre al lugar donde has sido feliz, pero teniendo en cuenta que todo cambia y tú también.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Maratón Canfranc-Canfranc 2016

Tenía dudas. Muchas dudas. Leí y escuché tantas veces que es uno de los maratones de montaña más duros, o el más duro, que casi llegué a abandonar antes siquiera de viajar a Canfranc. Hace mes y medio no daba un duro por estar el 10 de septiembre a las 8 de la mañana en la salida. Tras el maratón de Madrid había perdido mucho la forma y la motivación. Las salidas a correr por la Sierra habían sida escasas. Sin embargo, empecé a meter algo de más de regularidad en las salidas y el verano me facilitó subir varias veces seguidas al monte por el Guadarrama y Somiedo. La decisión final de ir a por la carrera la tomé gracias a Klaus y mi hermano Sergio, que me animaron a intentarlo. Isela además me animó también a viajar y probar. Gracias!
Así que allí estaba al fin en la salida de Canfranc, con poco volumen de entrenamiento en las piernas, pero con mucha curiosidad por ese recorrido tan duro (veríamos si sólo sobre el papel).
La idea era acabar dentro de las 12 horas de control y sufrir lo menos posible, así había que tomarse la primera subida con calma tras salir de la impresionante estación de Canfranc: ascensión a la Moleta, primero en zigzag por bosque junto a una gran tubería de la hidroeléctrica y después, tras salir del bosque, subida a "cholón" hasta la cumbre. Toda la subida la hice con Ullé, parando a hacer alguna foto y manteniendo un ritmo constante sin excesos. Buenas sensaciones en este tramo, pero quedaba mucho. En la cima, alguna foto más. Estaba Sergio esperándome para ver qué tal iba. Todo bien, pero había que concentrarse en la bajada.
La primera bajada también con calma. Una zona espectacular de montaña, el Rincón de Samán y el Ibón del mismo nombre, que también dió para parar a echar fotos. Tras finalizar el terreno de bajada más pronunciado, tocaba correr y avanzar a mayor ritmo por el barranco de Izas. Ya se me hizo largo llegar al primer avituallamiento (km 18), con lo que quedaba por delante! Se notaba que el sol estaba ya más alto y que habíamos perdido mucha altura. Una parada a hidratar bien, a comer, con cuidado de meter sales. Los voluntarios muy atentos y simpáticos, en los tres avituallamientos igual, un diez. Me despido de Sergio, que había esperado para verme y ya no le vería más.
La siguiente subida era la de La Raca. Comencé con Ullé de nuevo, pero al poco tiempo ya empecé a perder ritmo y me quedé solo. No sé si había comido poco o si era sólo falta de entrenamiento, pero la subida al segundo pico del día se me hizo eterna y me desesperó ver cómo me alcanzaba gente que venía desde atrás. Aún estábamos en torno al km 20 y quedaba mucho. Son esos ratos malos cuando se te pasa por la cabeza abandonar. Sabía que la familia estaba arriba esperando y que el telesilla estaba en marcha, listo para escapar. Pero bueno, llegué arriba, aunque incluso con la cima a la vista y la familia animando había tenido que parar un par de veces porque iba fundido. Abrazos, besos, ánimos de Sara, Isela y las niñas, todo ayudó y mucho. Me quité algunas chinas que llevaba en las zapatillas, bebí, comí algo y me animé a seguir. Cambié el chip. Decidí ser conservador y hacer pocos alardes, guardar las pocas fuerzas que tenía, pero seguir moviéndome.
Bajada por una de las pistas de la estación de Astún, con las chicas animando desde el telesilla. Un lujo! Hasta me grabaron un vídeo desde las alturas donde se hace evidente que no bajo como Kilian jaja.
Cuando llegué a Astún de nuevo sensación calor, de nuevo había que correr. Y cómo me costaba. Me junté un tramo con un corredor que parecía francés y una chica vasca, pero me costaba mantener un ritmo corriendo. Después si fui con la chica hasta el avituallamiento, pero de nuevo fue un tramo pesado. Llegué al avituallamiento de Candanchú, segundo del día en el km 27 sólo con media hora sobre el cierre de control. Nunca había tenido que estar pendiente del cierre de control en una carrera, pero supongo que tiene que haber una primera vez para todo. Y pese a esa presión del horario, estaba ya convencido de que acabaría en tiempo. Me tomé un respiro en donde habían situado el avituallamiento y tras comer, beber y cargar agua...a seguir al lío.
El siguiente tramo, en subida se me volvió a atragantar. Pasé solo bastante rato, con dos o tres corredores a la vista por delante y otros tantos que me alcanzaron por detrás. Y se fueron. Lillo, compañero de la URJC y su compañero de ruta me alcanzaron en cada una de las subidas del día. Qué ritmo constante, qué envidia. En las bajadas les había alcanzado, eso sí. Tras mucha subido, por terreno técnico con tramos de roca, barrancos y cambios de dirección, llegamos a la Tuca Blanca, donde volvimos a terreno de la estación de Candanchú y bajamos hasta la base del Aspe, donde habían situado el último avituallamiento del día en el km 37 aproximadamente. El Aspe encima, un circo montañoso de impresión alrededor y...un tío haciendo huevos fritos en la base de vida! Impresionante! Un pasada. Paré un momento coincidiendo de nuevo con Lillo y su colega y otro par de corredores. Comí un huevo frito con pan pensando en las proteínas que necesitaría para la última bajada (y pensando en lo que me apetecía comer en condiciones!).
Vuelta a la ruta, esta vez había que seguir bajando. La bajada más complicada del día, sin mucho camino evidente y terreno donde era fácil hacerse daño. Por suerte lo salvé. Alcancé a un par de corredores casi abajo y fui con ellos hasta el Ibón de Tortiella (no recuerdo un Ibón, debe estar colmatado). En compañía inicié la última subida del día que llegaba hasta el collado de Estiviellas. La última ya. Un empujón y ya estaba, aunque fuera un empujón de casi dos horas más a meta. De nuevo la cuesta se me atragantó y los compañeros se me escaparon por delante. Pero bueno, ya me daba igual, la emoción de pensar que ya no se me escaparía la meta me alentaba.
Cómo me alegré de ver a los voluntarios del control en el Cdo. de Estiviellas. Me abrigué un poco, bebí, un par de fotos y "p'abajo"! Desde el primer momento me encontré bien en la bajada. Parecía que había ido guardando lo suficiente para que las piernas fueran bien este tramo. Supongo que los ratos que usé los bastones bajando debieron ayudar, pero para esta bajada los guardé en la mochila por primera vez.
Pero aún encontrándome más o menos bien, la bajada a Canfranc desde ese collado es una paliza auténtica. Crees que no te queda nada porque oyes la megafonía, pero es un zigzag continuo que no para. Me animé pensando que alcanzaría a alguien, porque además creía firmemente que iba el último (o casi). Primero alcancé a un chaval que hablaba inglés y sólo pudo decirme "Oh man, I'm done...". Iba fastidiado andando con los bastones. Después alcancé al compañero de la bajada anterior que iba también animado aunque a menor ritmo bajando que yo, pensando que ya entrábamos seguro en tiempo de control. Más abajo alcancé de nuevo a Lillo y su compi y nos dio tiempo a quejarnos de lo larga que se hacía la bajada. Un poco más tarde, llegamos por fin a Canfranc. Ahora ya podía correr, sabía lo que quedaba. Abrazo con Sergio, saludos a las chicas, entro en meta con Nerea de la mano. Felicidad.  Abrazos con Lillo y su compañero, con Sergio, Sara, Isela y las niñas.
Estas carreras son como vidas concentradas en unas pocas horas. Da tiempo a pensar mucho, da tiempo a sufrir, a disfrutar. Esta carrera me recordó que hay que perseverar, que incluso cuando las cosas no van bien hay que aguantar, porque a veces los planes salen bien, muy bien.
Al final entré en 11h 41min en el puesto 99 de 104 finalistas (además varios corredores llegaron a meta fuera de control).
El track aquí

miércoles, 5 de agosto de 2015

MDS Desafío Somiedo 2015. Análisis del recorrido.




Los números:

45 km (aproximadamente)
>2200 m d+ (5000 m desnivel acumulado)

El trazado del MDS no deja indiferente. Se trata de una ruta compleja de gestionar. Si eres de los que gustan de carreras rápidas, de mucho correr por caminos poco técnicos, tendrás terreno para ello. Desde la salida al kilómetro 15 predominan las pendientes suaves y los caminos y sendas fáciles. Para empezar se sube por caminos anchos y al final por senda al Lago del Valle (primer avituallamiento del día), puro placer para la vista. Desde el lago, se toma una senda con increíbles vistas del Lago del Valle y del valle que nos encaminará en ascenso continuo pero no brusco hacia los llanos previos a los lagos de Saliencia. Ya en los lagos se llega a una pista forestal muy buena, que  nos llevará al avituallamiento del alto de la Farrapona. En tramos posteriores hay también mucho terreno rápido, si te quedan piernas para correr alegre. Los tramos de llaneo anterior y posterior al avituallamiento de Saliencia (medio maratón, aproximadamente) y la bajada desde Valle de Lago hasta meta son buenos ejemplos.

Pero cuidado, si en los 15 primeros kilómetros te exprimes demasiado puede que la subida desde el Alto de la Farrapona hasta la cima de Los Bígaros se te atragante más de la cuenta. Empieza ahí el tramo más montañero, ese que agradecerán los que no conciben una carrera de montaña sin llevarse las manos a las rodillas o incluso sin usar las manos para progresar por terreno técnico. La ascensión a Los Bígaros, bastante dura aunque no muy larga, nos lleva a un tramo muy rocoso con cresterío incluido. Auténtico terreno de montaña. Pasada la cresta, la bajada (hasta Saliencia, la más larga del recorrido) se hace por pastos de montaña sin senda evidente para llegar al Puerto de la Mesa. De nuevo, buen terreno para los buenos bajadores montañeros. Tras un primer tramo técnico, la Foz de los Abroxos que nos llevará a Saliencia es terreno de nuevo rápido.

Llegas a Saliencia, tras recorrer media maratón por terreno variado y crees que ya es pan comido. Error...Lo que viene es un rompepiernas que pondrá a prueba el fondo físico y la fortaleza muscular de todos. Primero se asciende desde Endriga (ojo si pillas horas de calor), por una senda que se hace dura, aunque no sea una ascensión larga. Luego se recorre una pista en continuo subibaja, que termina subiendo para seguir poniendo a prueba el fondo del personal. Un par de fuentes en este tramo son como oasis en el desierto si la carrera es en día caluroso. La bajada a Arbellales desde la Corra es de nuevo buena para los buenos bajadores o al menos para aquellos que todavía tengan piernas para hacer alardes. Antes de terminar la bajada tendremos un avituallamiento salvador tras pasar la Foz de la Guergola (ay ese empedrado...).

Ya sólo quedará la última subida, que nos llevará a la zona de la salida. Esta ascensión de 3 km por una pista encajada en un estrecho valle mostrará quién tiene de verdad fondo físico y quién tiene piernas duras para volver a apretar subiendo. Además dejará al aire las vergüenzas de los que se hayan pasado de "listos" en los primeros kilómetros. Es de esas subidas que parece que nunca acaban, el bosque no nos deja ver si queda mucho o poco de los casi últimos 400 m de desnivel del recorrido. Llegamos a un collado idílico, que en un empujón nos lleva al último avituallamiento, en Valle de Lago.

A correr (si aún puedes) cuesta abajo hasta Pola de Somiedo y la meta, 6-7 kilómetros por buen camino, con sombra.

Aparte de cuanto se puede correr en cada punto, de lo técnico o lo fácil que sea cada tramo, una cosa está clara. Se trata de un recorrido espectacular en un entorno de los más impresionantes de la península. Si no corres, visítalo para andar, para disfrutar de sus miradores y sus múltiples sendas.


miércoles, 1 de julio de 2015

Crónica personal del TP60 2015

Con las ideas algo más claras tras la intensa carrera del sábado, toca ahora contarla. Pero primero toca dar las gracias. Isela , mil gracias por aguantar a las "fieras" todas esas horas que he pasado fuera corriendo y por comprender esta loca afición. Sin eso no habría nada más. Gracias a Sergio por el apoyo logístico y la compañía durante dos importantes tramos de la carrera, fue una pasada volver a compartir kilómetros por el monte contigo. Ahora entiendo bien la función de los "pacers" de las carreras americanas, qué importantes son. También te agradezco muchísimo, junto a Víctor, los buenos consejos sobre entrenamiento vía "wasap" y las risas que nos echamos con ese grupo de tres.

El TP60 arrancó en Miraflores, tras abrazos con amigos de siempre como Miguel (vaya carretón amigo!), dejando atrás un montón de dudas que tenía de semanas anteriores: alguna molestia algo más importante de lo normal en una rodilla y un último mes muy corto de entrenamientos me tenían preocupado. Pero bueno, eso quedó atrás y comenzamos a correr con mucho ánimo.

Esta vez, por el respeto a este primer "ultra", había visualizado muchas veces tramos claves del recorrido para perfilar algo parecido a una estrategia. La idea era regular mucho en la primera ascensión (al Pto de la Morcuera) que con tanta pista era muy corrible y en la primera bajada, 15k de pista forestal en su mayoría que sabía me podían penalizar mucho si me lanzaba demasiado. También sabía que tenía que comer mucho y beber más por el calor previsto. Así que toda la carrera fui comiendo según el reloj más que por las ganas y bebiendo de manera continua y especialmente en los puestos de avituallamiento añadiendo sales minerales.

La primera subida a la Morcuera se hizo rápido, pero dejé de correr antes de lo que pedía el cuerpo para llegar arriba muy entero. Y fue bien, allí estaba Sergio dando ánimos y buen humor. Gracias! Tocaba el segundo gel del día, beber algo, cargar un poco de agua y abajo hacia Rascafría. La bajada es sobre todo por pista forestal, pero hay un par de tachuelas que suman desnivel y algún tramo de senda muy divertido de bajar. De nuevo la gente iba muy rápido y tocaba frenarse. Me vino bien encontrarme al Montaraz Miguel Ángel, que fue una gran compañia prácticamente hasta Rascafría y me dio muy buenas claves sobre el recorrido.

Tras un último llaneo hasta Rascafría llegamos al segundo puesto de ayuda del día. De nuevo allí estaba Sergio. Hasta ahí la cosa iba bien, pues la idea de llegar a ese punto muy entero parecía que se había cumplido. Apliqué entonces la lista de tareas para los avituallamientos: beber, tomar sales, comer, recargar agua, seleccionar en la mochila los geles para el siguiente tramo, protector solar...cabeza fría.

Ahora tocaba la subida al Puerto del Reventón. De nuevo sobre todo por pista forestal, para mí el tramo más feo del recorrido junto al tramo de pista de subida a la Morcuera. Iba mirando el reloj para comer de nuevo cuando tocaba. Hice la ascensión casi entera andando, pero curiosamente iba pasando a bastante gente. Ya se iban haciendo algunas grupetas y nos iríamos encontrando unos y otros a lo largo de la jornada. Ya en esta subida se notaba calor en los tramos más protegidos, pero de momento sin daños. Una ascensión esta al Reventón larga, con pendiente sostenida, con muchas, muchas zetas, donde parece que el cordal de los montes Carpetanos no se acerca. Pero bueno, cuando ya se empezaba a necesitar llegué al avituallamiento del Reventón. Un 10 a la organización, con puestos de ayuda con un montón de bebida y comida para elegir y numerosos voluntarios apoyando al personal. Aquí tocaba cargar mucha agua, puesto que no había apoyo hasta Cotos, que quedaban muy muy lejos aún. En el Reventón me encontré con Dani, compañero de algún buen entrenamiento, pero ya no volvimos a ir juntos en todo el día.

Siguiente tramo, Reventón hasta el Pico de Peñalara, ascendiendo por los Claveles, lo más bonito del recorrido y lo que me animó a apuntarme a esta locura. De nuevo me encontré con Miguel Ángel y de nuevo me ayudó mucho su conocimiento del recorrido. Había bastantes tramos corribles y a veces había que obligarse un poco para no atrancarse en el ritmo de andar. En este tramo seguía con buenas piernas, aunque tuve las únicas molestias del recorrido en la rodilla derecha (esperaba que cantara la izquierda!). Seguí comiendo y bebiendo y con el ojo puesto en un grupo bastante numeroso que iba por delante. Poco a poco avanzamos por ese rompepiernas de subidas y bajadas cortas. Todo el recorrido fuimos pasando a los corredores del GTP, que llevaban seis horas y media más que nosotros en las piernas (y una noche sin dormir, casi más importante). En este tramo empezarnos a cruzarnos con ellos, porque les tocaba bajar por allí a La Granja. Y así me encontré con los hermanos de Paz, que iban castigados pero manteniendo su buen humor. Qué grandes. Se pusieron los pelos como escarpias al verles. Tras este encuentro alcancé a Miguel Ángel que se había adelantado y al poco llegamos ya al pie de la subida a Clavels, junto a la Laguna de los Pájaros (qué envidia ver allí a la gente tomando el sol!). Allí ya dejé atrás a mi compañero Montaraz y fui ganando terreno y puestos por esa dura subida, de las que me van bien. Ya en la zona que va por debajo de la cresta me encontré a Luis otro buen colega del GTP que iba fastidiado (es muy duro y acabó, enhorabuena!). Qué alegría verte allí compañero! Cuanto tiempo y qué buen sitio. Un tramo más técnico con mucho bloque, de nuevo adelantando a gente, aunque con amagos de calambres y me planté en la cima de Peñalara con más de una hora de adelanto respecto al horario que me planteaba (hay que decir que no tenía buenas referencias). Y allí estaba Sergio de nuevo, con una Coca-Cola (ya caliente, pero da igual, Pedro la aprovechó bien jaja).

En compañía de Sergio, bajada a Cotos con mucho cuidado de no pegarme un castañazo a esas alturas. Tomé unas sales y los calambres desaparecieron, todo marchaba. Seguía con buenas sensaciones, buenas piernas. Las molestias en la rodilla no iba a más. Casi estaba más pendiente de las sensaciones de lo que debía, pero es que no me creía que fuera tan bien. Beber, comer...el mantra de todo el día. Y la penúltima bajada estaba ventilada, con el buen avituallamiento de Cotos ya a la vista. Más sales, más agua y un homenaje al cuerpo con una ensalada de pasta que supo a gloria aunque la engullera. Además, comí una barrita de recuperación, para ir comenzando la recuperación metiendo proteínas al cuerpo.

Sabía que ya no se me escapaba, pero quedaba subir la Loma del Noruego y una última bajada, con un calor mu importante, que nos acompañaba desde la bajada de Peñalara. Los tramos más abrigados eran un horno, pero iba bien hidratado y arrancaba a sudar normalmente. Este fue el tramo donde más sufrí, pero por suerte fue ya muy arriba, casi llegando a las Guarramillas (no se corona), beber y comer de nuevo y se pasó. Compartí un buen tramo con un corredor de Rascaría, Dani. Qué buena la camaradería se genera en el pelotón con tantas horas coincidiendo.

Y llegamos al ultimo puesto de ayuda del recorrido. Parecía que quedaba poco, pero aún así me volví a tomar mi tiempo para comer y beber, manchando el agua con unas sales. Ya a estas alturas las sales me daban algo de asco, pero había que tomarlas. Y bajada hacia la Barranca por el camino del Tubo de Agua, una bajada que conozco, pero que a estas alturas había que tomar con mucho cuidado. Al poco de la bajada me volví a encontrar con Sergio que ya me acompañó hasta la meta. Qué importante que me apretaras para seguir corriendo, porque a pesar de tener buenas piernas, el cuerpo ya me pedía andar y quedarme sentado junto a una fuente! Fue un último rato emocionante, con la divertida bajada hasta el aparcamiento de la Barranca que se dio muy bien y donde aproveché para seguir bebiendo y mojarme en la fuente para refrescar ante el horno que se acercaba.

Lo siguiente...correr, correr, correr. Mirando la clasificación, gané 9 puestos desde Bola a meta, yo que suelo acabar las carreras arrastrándome. Mucha emoción, camuflada por las gafas de sol. Iba animando a los corredores que me encontraba. Ya en Navacerrada una familia rociaba desde su terraza a los corredores con una manguera. Les hubiera besado los pies! Ya casi en meta, abrazo a mi hermano a la carrera, palmada a Isela, mucha emoción, rabia. Ya está. 9 horas 34 minutos después, 16:34 de la tarde, puesto 128 de 395 clasificados. Y sobre todo, placer de recorrer terreno de montaña, un paisaje espectacular.

Quedan atrás muchísimos madrugones, muchos entrenamientos en ayunas. Muchas sesiones de cuestas al estilo de Kike De Diego (el entreno de Rivas me enseñó mucho!), el maratón de Sevilla, sin saberlo fue en realidad una buena tirada larga, y un buen puñado de salidas a la sierra con Javi, que son más disfrute que entrenamiento. Gracias a todos!
[Las fotos están por llegar]

lunes, 30 de junio de 2014

Maratón Alpino Madrileño 2014. Crónica de una retirada (a tiempo).

Tropezón de los fuertes. Intento mantener como puedo la verticalidad, pero al final doy con mis huesos en el suelo. Una caída de esas que duelen y mucho. Lo normal, teniendo en cuenta la cantidad de piedras que tiene el camino. De hecho, quizás esperaba más dolor. Antes de intentar levantarme hago una rápida evaluación de daños: dolor de rodilla, muevo bien el brazo izquierdo aunque está resentido, gemelo izquierdo acalambrado. Intento soltar el gemelo. Parece que no va mal, pero me molesta mucho.  Tengo un buen castañazo en la rodilla izquierda. Importante, no he roto el pulsómetro, glups. Enseguida varios corredores se paran para ayudar y una gentil señora me da instrucciones precisas "No vayas de puntera, apoya bien el talón y no corras! Así llegarás a la meta". Durante unos metros, tras beber el agua con sales que me ofrece otro participante, sonrío por la energía de aquella mujer, pero pienso si tendrá idea de todo lo que queda por delante hasta la meta. Bajo poco a poco a Cotos, continuando con la evaluación de daños. Dolor de rodilla y el gemelo de piedra, como contracturado.

Ah...no he puesto al lector en antecedentes. Estoy en el Maratón Alpino Madrileño. Camino del segundo paso por el puerto de Cotos, llevo ya más de 20 km y unos 1700 metros de desnivel positivo. Por delante quedan alrededor de 25 km con otro km vertical y bastante cuesta abajo.

Intento correr pero tengo muchas molestias. Bajo tramos andando y, mientras, maduro la decisión de retirarme que me ha rondado la cabeza desde que me puse en pie. Me adelantan muchos corredores. Muchos de ellos me suenan, los habré pasado en algún momento durante la carrera. La de la rodillera, el bandolero de los bastones, uno tras otro me pasan, muchos dan ánimos cuando me ven andando. Voy perdiendo posiciones, aunque sea lo de menos. Se pasan por la cabeza las horas que he corrido de madrugada para estar en condiciones hoy. Las horas que le he quitado a la familia. Todo ello acentúa el sentimiento de rabia por ese absurdo tropezón.

Llego a Cotos, donde Sara me dice que mis compañeros de viaje, Sergio y Víctor, han dejado el avituallamiento hace pocos minutos. Van bien, qué pena no poder seguirles. Los voluntarios de la organización me tratan muy bien. Un masaje confirma que tengo el gemelo izquierdo "al jerez". Al enfriarme, la rodilla molesta más y más.

Vuelta a casa en coche gracias a Sara. Es raro estar comiendo una fabada antes de que mucha gente haya llegado a la meta. Qué rabia. En la ducha descubro cardenales en sitios que no pensé que me había golpeado.

PD: puede que la flojera en las bajadas se debiera al virus que se manifestó esa misma tarde con vómitos, diarrea y fiebre. Habrá que volver más fuerte y sano.


La foto es de la primera llegada a Cotos, todavía sano y con buenas sensaciones.

lunes, 12 de agosto de 2013

Científicos ninguneados


Somos muchos los jóvenes investigadores a la espera de que se resuelva la convocatoria de contratos Juan de la Cierva 2012. Sí, leen ustedes bien, convocatoria 2012. Fue a finales de Noviembre del año pasado cuando se cerró el plazo de presentación de solicitudes. Dichos contratos perseguían incorporar al tejido científico español a jóvenes doctores que en su gran mayoría llevan tiempo trabajando fuera del país. A través de varias fuentes, sabemos que el escollo que causa el absurdo retraso de esta convocatoria es el Ministerio de Hacienda, que debe dar el visto bueno final.

El caso de este retraso es solo uno más en la larga lista de afrentas a las que varios ministerios están sometiendo a la ciencia española.  El de Educación, Cultura y Deporte ahoga a las universidades públicas, el de Economía y Competitividad hace lo propio con los centros de investigación y el de Hacienda y Administraciones Públicas retrasa y retrasa la emisión de los informes de viabilidad necesarios para liberar fondos.

Todo ello dificulta y retrasa la actividad de un colectivo con herramientas para ayudar a salir de la crisis pero continuamente ninguneado. Señores gobernantes, sin científicos no habrá ni ciencia ni futuro.

martes, 18 de junio de 2013

Maratón Alpino Madrileño 2013

Hace 10 años que fui voluntario del Maratón Alpino Madrileño (MAM en adelante). Esa primavera de 2003 yo había participado en mi primera carrera popular, la Media Maratón Vig-Bay, pero ni de lejos me podía plantear afrontar una carrera como el MAM. Estuvimos mi amigo Javitxu (muchas veces superviviente del MAM) y yo en el avituallamiento mejor situado, en el  Collado de Cabezas de Hierro, y pude ver  la dureza del recorrido en los rostros de los corredores que allí llegaban. Desde entonces, he participado en varias ediciones del Cross Alpino y otras carreras de montaña más duras y he tenido la oportunidad de ver, admirar, a los participantes que tomaban salida en el MAM. Para mí, los que se atrevían con semejante recorrido eran cuanto menos unos valientes, aunque muchos dirán que unos chalados sin remedio. Todo este tiempo, como amante de la montaña y madrileño, he pensado que  tenía que correr el MAM en alguna ocasión.

Ha pasado el tiempo y este año parecía propicio para enfrentarse al desnivel y la distancia de esta carrera. Con mayor experiencia en carreras de asfalto y de montaña, la idea ya no me parecía tan descabellada. Ahora parece que florecen carreras de montaña durísimas por todos lados, con distancias y desniveles inhumanos que en cierto modo empequeñecen una carrera de distancia maratón como el MAM (skyrace, que dirían los entendidos). Yo no aspiro a correr "ultras" de montaña y el reto personal seguía intacto, en lo atlético y en lo romántico.
Perfil esquemático del recorrido del MAM

Así que tras la Carrera del Alto Sil en marzo nos pusimos mi hermano Sergio y yo manos a la obra, o mejor dicho pies en la senda, para preparar el MAM 2013. Como a mucha gente le sucede, ninguno de los dos tenemos facilidad para entrenar habitualmente por la Sierra, así que nos planteamos que había que subir el mayor número de veces posible en fin de semana y apoyar eso en el entrenamiento normal entre semana. Al final sumamos un buen número de salidas en las que acumulamos el importantísimo entrenamiento específico y, lo más importante, muy buenos ratos en el monte. Sólo una semana antes de la carrera pudimos hacer la subida a Cabezas de Hierro, aunque en unas condiciones meteorológicas muchísimo peores a las del día del MAM. Desde la primera salida por la Pedriza a principios de abril hasta el rodaje Cercedilla-Cabezas-Cercedilla de 27 km con 1600 metros de desnivel positivo creo que progresamos mucho. Y es que el entrenamiento funciona o "in training we trust".

Y llegó el día de la carrera, 16 de junio, tras una primavera con tiempo de perros y nieve en fechas muy tardías, finalmente las previsiones eran de calor, mucho calor. Tras una noche de poco y mal sueño y gran madrugón, tomamos salida Sergio y yo poco después de las 8 de la mañana, por un recorrido con un tramo nuevo que evitaba algunos embotellamientos de inicio. Este camino alternativo parece algo más progresivo y hace que nos enfrentemos a los primeros desniveles más progresivamente que el original. Mi primera impresión fue que se iba más rápido de lo que esperaba para una carrera así, aunque el ritmo se soportaba. Salimos además sin haber calentado nada, pues nos dijimos que teníamos todo el día para calentar. La subida hasta el Puerto de Navacerrada fue a buen ritmo, preguntándonos qué marca habríamos hecho este año en el Cross del Telégrafo con esta preparación. Casi llegando al Puerto nos encontramos a Pedro animándonos (¡venía de una boda sin haber dormido!). En ocasiones así no hay manera de agradecer los ánimos de la gente conocida y desconocida.

Ya afrontando la subida a Bola del Mundo por la pista de esquí vimos que el viento nos iba a salvar de las chicharras. También volvimos a sentir el picor de piernas que deja el kilómetro vertical que hay desde la salida y que culmina con las duras pendientes de las laderas del Alto de las Guarramillas (Bola para los amigos). Aún así íbamos bien, con buenas sensaciones, disfrutando. La bajada por la Loma del Noruego nos la tomamos con calma, el día era largo y había que preservar las piernas. Sergio me saca bastante distancia en las bajadas y me fue esperando en la distancia. De esta manera seguimos juntos en el avituallamiento del primer paso por el Puerto de los Cotos, donde había mucha gente animando.

El ascenso a Peñalara lo hicimos a buen ritmo también, pero intentando dosificar el esfuerzo. En este tramo los corredores que subíamos nos cruzábamos con los que ya estaban descendiendo. Fue en esta zona donde nos encontramos por vez primera a Alex y Fer, que estaban haciendo el recorrido sin dorsal. También vimos a Marek y a Luis, ambos ya de bajada (¡qué fuertes están los geteperos!). La bajada de Peñalara permite ver de frente durante un buen rato el siguiente escollo en el recorrido, la subida a Cabezas de Hierro por los Tubos. Preparándonos para eso, con la idea de que pasar esa subida bien es la clave para terminar el MAM, paramos tranquilamente en el avituallamiento ya de vuelta por Cotos, donde nos esperaban Sara y las Iselas ¡qué emoción!, qué alegría me dio verlas y oír "¡Papá, papá!". Echamos sales en el agua, comimos y tomamos el aire.

Llegando a la cima de Peñalara. Foto Sebastián Navarrete

De nuevo en camino, a por el "muro" de Cabezas. En los maratones de asfalto se habla del muro del a partir del kilómetro 30, pero en el MAM el muro es literal y está en esta subida: pendientes muy fuertes, terreno técnico de bloques grandes, grava y bloques gigantes, a pleno sol y en un circo cerrado en el que no sopla el aire hasta bastante arriba, todo esto con unos 23 kilómetros de montaña ya en las piernas. Nos lo tomamos con calma, subiendo poco a poco. Donde empezaba lo duro de la subida nos encontramos con Luis, que se retiraba con un corte de digestión. A mitad de subida, Sergio tuvo su única crisis del día, en un terreno donde la gente iba ya fastidiada. Muchos se sentaban a los lados del camino. Durante un rato vimos el helicóptero del 112 en el Collado de Valdemartín (tuvieron que llevarse a la corredora que iba en primera posición por rotura de mandíbula tras una caída). Esperé a Sergio en un avituallamiento junto a una fuente casi al final de la ascensión. Esa fuente debía tener agua milagrosa, porque tras beber un poco de agua fresca y comer un gel, Sergio se recuperó bastante rápido. Ya allí nos volvimos a encontrar con Alex y Fer, que subían como motos.

Fue genial llegar a la cima de Cabezas, por lo simbólica de la ascensión. Si no pasaba nada seríamos supervivientes, ya que la mayor parte del desnivel estaba cubierto. Lo peor que quedaba era la larga bajada de Bola a Cercedilla, así que había que seguir conservando fuerzas. Pedro nos recibió animándonos al comienzo de la bajada desde Cabezas y nos acompañó desde ahí hasta el Puerto de Navacerrada  (¡gracias compañero!). En la bajada hacia el Collado de Valdemartín tuve un tropezón de los de ver el suelo muy cerca en una zona con muchas piedras. Feo, feo. Por suerte pude mantener el equilibrio, no sé cómo. Hasta Bola quedaban dos subidas, la primera a Valdemartín que me tomé con mucha calma y por último a la propia Bola del Mundo donde nos esperaba un nuevo avituallamiento y muchos ánimos por parte de los voluntarios que allí estaban. Era el kilómetro 31 aproximadamente y ya habíamos hecho todas las ascensiones del día. Sólo quedaba el largo descenso hasta Cercedilla, aunque yo ya notaba que iba justo de fuerzas.

Iniciando el descenso desde Cabezas de Hierro Menor. Foto P. de Paz

Bajada por la pista de esquí desde Bola hacia el Puerto de Navacerrada (cómo duele...). Foto P. de Paz

¡Qué dura es esa bajada! Primero, hasta el Puerto de Navacerrada se baja por la empinada pista de esquí que ascendimos unas horas antes. Parece que ese tramo está pensado expresamente para machacar piernas. Al menos se me dio mejor que unas fechas atrás, cuando bajé totalmente bloqueado. En el Puerto, el último avituallamiento y "p'abajo". El terreno lo conozco bien del Cross del Telégrafo y los entrenos recientes, pero claro, nunca lo había bajado con más de 30 kilómetros en las piernas. Comencé con buenas sensaciones, dentro de lo que cabe, aunque Sergio enseguida me sacó distancia. Adelanté a un par de corredores e iba tirando, pero a medida que bajaba, el calor me agobiaba más, la sensación de sed era más intensa y el sol entre los árboles se hacía un calvario. A mitad de bajada más o menos me estaba esperando Sergio y seguimos juntos un rato, aunque yo ya iba con el "piloto automático" y me costaba seguir corriendo en los tramos de llaneo. Al poco del último avituallamiento ya se empieza a oír de lejos la música de meta y uno se anima a seguir. En el último kilómetro Marek y Kike de Diego estaban animando (¡gracias por el trozo de melón!) y de nuevo Sergio me esperaba con Fer. Ya sólo quedaban 300 metros a meta, la familia y los "hematocritos" esperando. ¡Supervivientes!

Al final, un recorrido impresionante y 7h 26min que dan para muchas sensaciones y conversaciones con otros participantes, pero sobre todo queda la satisfacción de terminar un proyecto que hacía mucho que estaba marcado en rojo. Un gran placer también haber compartido tantas salidas para entrenar junto a mi hermano y finalmente entrar juntos en meta. ¡Vaya debut en el maratón Sergio! Nos hemos dejado deberes: entrar en 7h o menos...Pero eso es otra historia.




lunes, 1 de abril de 2013

Carrera Alto Sil 2013

Hace ya unos días que corrí, junto con varios chalados más, la Carrera de Montaña Alto Sil y creo que ahora tengo mejor perspectiva para escribir que si lo hubiera hecho en "caliente", en "cansado" más bien.

A priori, sobre el papel, debía ser un reto más, ya que la gente que había ido al Bierzo a correrla otros años hablaba más sobre la buena organización y lo bonito del recorrido que sobre su dureza. Se trataba de 31km con 1750m de desnivel positivo repartidos en 4 subidas. Sería la carrera de montaña más larga hasta el momento para mí y sabía que se me haría larga, pero confiaba en no sufrir demasiado. Ya sobre el terreno te dicen que si ha cambiado algo el recorrido, que si hay mucha nieve...te pones más en situación y anticipas algo mejor la que se avecina.
Para la ocasión nos alojamos Sergio, Víctor, Javo, Sara, Isela, la pequeña y yo en Vega de Salierna para pasar todo el fin de semana sin prisas. No conocía la zona, y a pesar del mal tiempo me pareció espectacular por la cantidad de monte que tiene y lo maja que es la gente.
El entrenamiento para la carrera no había sido específico, ya que desde octubre no había corrido por el monte, pero sí había trabajado el fondo físico, como base para la temporada con vistas a retos mayores (y no digo nada para que no quede escrito).
Tras el día anterior de mucha lluvia, recogida de dorsal a última hora del sábado y cena de pizzas, la noche no fue de descanso reparador precisamente, ¡cosas de bebés! Ya por la mañana temprano, antes de la carrera, todos en marcha como en un ritual. Desayuno cada uno con sus manías: a mi la leche por la mañana no, que si a mi el té tampoco, que si yo aceite en la tostada y el reloj en marcha. Nos vestimos, terminamos los preparativos y carretera hacia Santa Cruz del Sil para pillar aparcamiento fuera del "prau" embarrado y tomar la salida a las 9:00 am.
El rato previo a una carrera me resulta siempre estresante, con tanta gente de aquí para allá, carreras por todos lados, sonido de megafonía y tantos estímulos. De hecho, el estrés fue a más cuando en el control de dorsales me di cuenta de que había perdido el chip que todos debíamos llevar en la muñeca. Tras un par de carreras extra y un par de juramentos, apareció mi hermano con el chip...glups...
Y arrancamos por fin. Después de tanto hablar de la carrera y su recorrido ya avanzábamos por él. La primera sorpresa, agradable eso sí, fue el sol y el buen tiempo que nos acompañaron toda la mañana. Al final de la primera subida ya encontramos algo de nieve, pero no dificultaba la carrera y le dio un punto divertido a la bajada que seguía. Una bajada muy rápida con bastante pendiente por un cortafuegos desde donde veíamos la subida que nos esperaba, "el Muro", otro cortafuegos y una de las perlas del nuevo recorrido. Ya cuesta arriba, a pesar de la dureza por la pendiente, subí bastante bien, con buenas piernas. Ya arriba, las primeras risas en el avituallamiento.
"El muro"
A continuación, un corto llaneo por terreno rápido y una segunda bajada también rápida pero mucho más larga. Ahí las piernas me empezaron a poner en mi sito, porque se me cargaron demasiado para el poco terreno recorrido. En Páramo del Sil, segundo avituallamiento, en el que nos paramos tranquilamente a beber y comer bien. Hacía falta porque empezaba lo bueno, con una larga ascensión de unos 800 m de desnivel. Al poco de empezar dicha subida me di cuenta que para mí se acababa la carrera en grupo, porque no aguantaba bien el ritmo de mis compañeros y sabía que quedaba mucho terreno por recorrer (¡no estábamos ni a mitad de recorrido!). Siempre se me hacen duros los kilómetros tras darme cuenta de que las piernas van más justas de lo esperado y tienes que dejar ir a los compañeros, pero uno ya tiene experiencia en esto y es mejor aflojar a tiempo y acabar, que seguir un ritmo que no te va y pinchar de mala manera.

Así pues, la subida más larga del recorrido la hice sin los compañeros, aunque no solo porque siempre hay tiempo de ir compartiendo opiniones y chascarrillos con otros corredores. Ya en el último tercio de la subida, con un buen paquete de nieve desde hacía rato, empecé a tener amagos de calambres sobre todo en los cuádriceps, lo que faltaba con la mitad de la carrera por recorrer. Al poco, María, que decía que no sabía si acabaría, me alcanzó. Por suerte pude recuperarme más o menos y un poco antes de llegar a la cima de la Campona alcancé a Jabo, que iba también regulando las pocas fuerzas que quedaban. La bajada siguiente seguro que es muy divertida con terreno seco y buenas piernas, pero con la cantidad de nieve del inicio, el barrizal y el dolor de piernas se me hizo muy muy larga. Al llegar al avituallamiento de Primout me hice idea de lo atrás que íbamos, porque estaba arrasado, parecía la mesa de los panchitos al final de una fiesta de cumpleaños. Gran parte de la bajada la hice con Jabo y María y a partir del avituallamiento ya hice casi todo lo que quedaba con Jabo, ¡ese compañero!.

Lo siguiente que nos esperaba: unos 5 km de barro, vadeo de arroyos y ríos y más barro...justo lo que necesitas con esa paliza encima. Yo comentaba con los demás corredores que más que una carrera de trail, aquello parecía una pista americana.
La parte final de la subida al Pico Negro
Pero lo más duro estaba por llegar, la siguiente perla del recorrido de este año: la subida al Pico Negro. Bien podían haberla llamado la subida a Mordor o algo así.  Dos km más empinados que la cuesta de Enero, donde veías a los corredores que iban por delante andando como si estuvieran en un 8000 y estuvieran al borde del colapso (así, sin exagerar...). Quizás mi percepción esté condicionada por lo cansado que iba ya. En esta subida, más de la mitad con nieve de nuevo, le saqué unos metros a Jabo, pero en el siguiente avituallamiento, tras un tramo de bajada ya me alcanzó. Ya sólo nos quedaba la bajada a Santa Cruz, pero mis piernas dijeron basta y al poco tiempo era casi incapaz de correr cuesta abajo debido al dolor. Los km iban pasando y ya estaba más cerca, pero la sensación de ir cada vez más despacio alargaba todo más.
Entrando en la cuesta de entrada al pueblo
Poco antes de llegar al pueblo ya se oía la megafonía. Con tanta fatiga ya me costaba emocionarme, pero entrando en las calles (con cuestita de regalo) todo el grupo animando me hizo apretar para llegar a meta. Para terminar, la mezcla de cansancio y emoción hicieron que las lágrimas brotaran sin control.

Al final, lo de menos fue quedar al final de la clasificación, delante de otros 16 valientes y de los casi 30 que tuvieron que abandonar. Lo importante es que conseguí acabar, economizando fuerzas gran parte de un duro, muy duro, recorrido. Sin lugar a dudas la prueba más dura que recuerdo...Pero habrá que volver, ¿no?

domingo, 30 de diciembre de 2012

¡Feliz año 2013!

Os deseo un 2013 con salud y fuerza para afrontar lo que venga. Hijos, viajes, carreras, escaladas, proyectos motivadores de todo tipo (y trabajo, que no viene mal) a raudales llenarán el calendario que se avecina, como han llenado 2012. Mi primera promesa para 2013: hacer más fotos y escribir más aquí para compartirlas.



lunes, 5 de septiembre de 2011

Schwarzwald mit dem Fahrrad

Hacía mucho tiempo que tenía en la lista de deberes una ruta en bicicleta con alforjas, una de "alforjismo", como dice un colega. Hace unos años hasta le llegué a poner transportín a la bici de mi hermano, porque había planes casi inminentes de cicloturismo que nunca se concretaron. En Alemania, hace un año que me compré unas alforjas, pero eran para llevar el bocadillo a la universidad, para poco más. Por fin, los astros se alinearon y el plan cuajó. Fue la motivación de mi hermano la que lo hizo posible: cogió vacaciones y un vuelo para que hiciéramos una ruta por la Selva Negra.
Tras unos preparativos que se limitaron a encargar una bici de alquiler para Sergio, ¡los ladrones de Lufthansa querían cobrarle 70€ por trayecto por facturar su bici!, comprar unos mapas y comida y poco más, llegó el día.
Se trataba de salir en tren desde Tübingen y pedalear 2 días y medio, comenzando el viernes y volviendo al "pueblo" en tren el domingo (o pedaleando, según se diera la cosa). Debido al retraso de su maleta, al final acabamos pedaleando de noche el primer día. Aún así pudimos acercarnos lo suficiente a la Selva Negra desde el punto de inicio, Horb am Neckar, impuesto por los horarios de tren, y meternos ya las primeras cuestas del viaje. En unas 2 horas hicimos unos 26 km que nos supieron bien y nos llevaron hasta Wittlensweiler. Cuando ya habíamos decidido buscar un lugar para dormir, vimos un granero con una prometedora superficie llana. En la parte de atrás pusimos nuestro campamento, pero nada de tienda, hacía muy bueno. Cuando ya estábamos cocinado y hablando de esto y lo otro, llegó la policía. Algún conductor que llegaba al pueblo o algún vecino desde unas casas a 500 metros debió sospechar de las luces de nuestros frontales...No pasó nada, con mi fluido alemán (juas juas) pude salir del paso y explicarles que nos íbamos pronto y que se nos había hecho de noche (evidentemente, debieron pensar) y bla bla. "Alles klar, alles klar, pasadlo bien" y se fueron por donde habían venido.
Tras una noche por mi parte casi sin pegar ojo, arrancamos bien temprano. Enseguida vimos que habíamos acampado a 100 metros de la entrada del pueblo jeje. Hicimos nuestra primera parada para re-desayunar ya en Freudenstadt, a los pies de la Selva Negra. Desde ahí en poco tiempo ya conseguimos conectar con la ruta objetivo: la Schwarzwaldradweg o "negro-bosque-bici-carril"...en fin...El caso es que fue todo un éxito. Qué pasada de ruta, ¡rumbo al sur!. Kilómetros y kilómetros de pistas forestales por bosque interminable de píceas. De vez en cuando se abría una pradera con una granja o cogíamos altura suficiente para ver los valles circundantes. ¡Bosque sin fin! Eso sí, enseguida nos dimos cuenta que no regalan eso de estar horas sin ver a nadie: nos hicimos los reyes del plato pequeño y al grito de "¡molinillo!" lo metíamos sin contemplaciones. Cuestas largas, duras, seguidas de rampas más duras. Una pasada. Al medio día ya cogimos una bajada que nos llevaba al valle del río Kirnzig y Wolfach (los pueblos alemanes también tienen fiestas en verano). Tras una merecida parada para repostar agua, comer de todo y descansar una rato, cogimos el valle con ganas y demasiado calor para conectar con lo que nos esperaba: subida sin parar hasta que acabara el día. Horas de subida. En las rampas más duras, el motor de un vespino dijo basta, justo cuando nos intentaba adelantar. Un sonido sordo...pfffff. Nos echamos unas risas, pero sólo cuando ya habíamos pasado la rampa dura jeje. Aquello quedará bautizado como el "Angliren". ¡Y nos lo queríamos perder! Después la pendiente, aunque no paraba de ser cuesta arriba, suavizaba y al menos nos dejaba ir hablando. Al final del día y la cuesta, tras pasar otro buen rato por bosque y sin ver ni a perri, encontramos un sitio tranquilo para dormir 90 km y 11 horas después de salir, cerca de Schonach im Schwarzwald. El calor nos permitía dormir sin tienda aunque los mosquitos asesinos aconsejaban montarla. ¡Casi 20 picotazos pude contar! A partir de ahora, no sin mi repelente de mosquitos.
Ya el domingo, el plan salía rodado, seguir la ruta de la Selva Negra hasta un punto, ya cerca de Friburgo, que nos permitía coger rumbo este para conectar con el valle del Danubio. Pero claro, eso tampoco lo regalaban y varios despistes de la ruta nos costaron muchas cuestas de más. Cuando ya cogimos la ruta de salida hacia el Danubio, la cuesta abajo hizo que los kilómetros cundieran muchísimo, aunque fueran igualmente agotadores. Cuando ya conectamos con el gran río europeo (a esas alturas todavía uno del montón), tras alguna cuesta de las que no te esperas, estuvimos pedaleando hasta llegar al borde de la pájara. Menos mal que paramos a comernos las últimas barritas, geles, nutela y todo lo que pudimos. En un empujón más, tras 104 km ese día llegamos a Tuttlingen, donde cogeríamos el tren de vuelta a casa.
Desde luego una experiencia para repetir. ¡Que gran viaje hermano! Eso sí: nunca creáis que el asiento de la bici es tan cómodo como para no usar coulotte...jajaja. Qué pardillo soy! Y qué dolor...
(las 3 fotos son del segundo día de pedaleo)




miércoles, 13 de julio de 2011

Escribir...

Pasan los meses y un día abro el blog. Entonces uno se da cuenta de lo rápido que pasa el tiempo. Parecería que no ha pasado nada mientras no ha habido entradas y sin embargo han pasado muchas cosas. Pequeños viajes, grandes noticias, nuevos amigos, mucho correr, poco escalar, planes de futuro varios. Lo más importante es que en otoño aumentará la familia y eso ocupa la mayor parte de las planificaciones de futuro. Por otro lado, llevo ya en Alemania más de año y medio y el contrato va llegando a su final. A finales de año, habrá que hacer un break entre biberón y biberón y organizar una mudanza, o más bien un bazar para vender todo lo que tenemos en la casa alemana. ¡Va a ser curioso!Y el tiempo corre y pasan cosas grandes o pequeñas que despiertan más o menos la motivación por escribir. ¡El caso es seguir ahí!
Con mi amigo Boris un "agradable" día en el roco, bajo cero.

Con mi hermano en la Big 25 Berlín 2011. Nunca tanta preparación dio tan pobres resultados, pero estuvo guapo! Un colega me comentó que en la foto parece que estoy haciendo marcha. El caso es que al poco de que me hicieran esa foto, me arrastré como una sabandija jeje.

domingo, 16 de enero de 2011

Comprar-tirar-comprar

Uno de los mejores reportajes que he visto en mucho tiempo. Está claro que el sistema, tal y como está planteado, no funciona y no es sostenible. En este reportaje se dan algunas claves que están en la esencia de por qué y cómo se entró en la sociedad de consumo que a todos nos atrapa. Para cambiar, primero hay que reflexionar y para ello hay que tener información buena con la que repensar nuestras actitudes. ¿Cómo han conseguido meternos en la cabeza que hay cosas "pasadas de moda" que merecen recambio por pura estética? ¿Cómo puede ser aquello de..."a ud. no le merece la pena reparar esto, compre uno nuevo"?
Lo dicho, a mi me ha impactado y creo que merece la pena sentarse un rato a verlo...

jueves, 30 de diciembre de 2010

Casi un año...

En poco más de una semana hará un año que inicié la aventura alemana. Dejando los eufemismos a un lado, hará un año que me convertí en un emigrante/inmigrante (depende desde qué país se mire). Durante este tiempo han pasado muchas cosas: gente nueva, trabajo nuevo (inmigrante de lujo, eso sí), pueblo nuevo, idioma nuevo, boda, viajes...Con todo en la balanza, creo que el año ha sido sobresaliente, pues esta es una experiencia que no todo el mundo puede vivir y para mí está siendo muy positiva. Por supuesto como siempre en la vida, hay cosas que podrían ir mejor (joder, algo hay que dejar para las promesas de fin de año) y por supuesto hay días en los que lo que más me apetece en el mundo es mandar todo al carajo y volverme con mi morena a Madrid. De momento, tengo otro año de contrato por delante y mucho que trabajar para garantizar una vuelta honrosa, pero lo vivido ahí queda y las energías para afrontar lo que vaya viniendo están altas. Sirva esto además para recordar a todo el mundo que sigue ahí cerca a pesar de la distancia. Como postre, unas imágenes de este año...y qué no falten!